jueves

¿Cuál parte soy de la rutina?


Para ti soy cualquier persona de rostro gris ayudando a la monotonía del día, tocando el ritmo de una música que te adormece, bailando la coreografía lineal de esta sociedad que busca por todos los medios dejar de sorprender, volverse predecible.
Tal vez sea simplemente un punto más en esta atestada ciudad, un número más en la estadística, una luz que se enciende y puedes ver titilar desde tu ventana por las noches.
Eso soy.
Pero busco, sueño e intento, de alguna manera romper filas, desafinar en la melodía que te tiene sedada, ser el pequeño punto cuya luz despunta y llama tu atención mientras vez las luces de la ciudad. Busco acabar con la serie de eventos "preconcebidos" "predestinados" que dicen que esto, que tu y yo nunca seremos más que extraños, que nos quieren condenar a ser solamente cifras de población, números sin alma o corazón.
Tranquila, estoy buscando la manera de desajustar los engranajes, de decirle al destino que "tu y yo separados" no es un veredicto final.
Lanzo letras que parecen caer al vacío, que vagan en un mar de pensamientos, que pasan por ojos que las ven y no las leen, se ahogan, se empolvan, se posponen... Pero llegarán, recorrerán tus pupilas para decirte en clave que si, que fui, soy y seré parte de tu rutina, pero que en el futuro seré aquel que te bese en las mañanas y te sonría por la tarde, aquel que te haga el amor, te escuche y escriba historias absurdas en tu piel. De tu rutina puedo solamente ser eso, nada más estará planeado.

miércoles

Por siempre espérame, que estoy viajando

Hasta los que permanecen viajan en los hombros del tiempo.



En el mundo hay personas cuya esencia se mezcla con lugares, se enreda entre los muebles o se incrusta en la piedra mohosa del jardín, hay personas cuya mirada encaja perfectamente con el paisaje de su balcón, son esas personas que si la miras desde atrás mientras esta se asoma en la ventana, te parecerá de lo más natural ver su silueta perfectamente acoplada a los ángulos rectos y vertiginosos de los edificios del paisaje, como si esta formara parte del mismo, y lo forma. Pues son personas para quedarse, son aquellas que están y que dan coherencia al lugar.

Están ellos y estamos nosotros: los viajeros.

Una vez me pregunté ¿Por qué me sentía viajero si toda mi vida he vivido en el mismo lugar y muy poco he salido del país? Y la respuesta vino a mi a la mañana siguiente, cuando al salir de casa no noté nada familiar pues estaba mirando hacia otro lado, encontrando otra perspectiva a las cosas, y no es que yo estuviese caminando de espaldas para tener otra visión, es que a cada segundo pasan cosas distintas y si tu mirada está presta a sorprenderse notarás los cambios, eso significa un viaje en sí mismo. Uno de niño no aprende los caminos de memoria porque en vez de andar (como los adultos) tratando de encontrar patrones y similitudes para memorizar, el niño anda buscando aquello que cambia, entonces hoy cayó una hoja frente a sus ojos e inevitablemente la mirada del niño se desvió, sonó la bocina de un carro y el niño volteó, cada mañana el pequeño emprende un camino nuevo, realiza un viaje inédito, sencillamente no permanece pues se mueve con la vida y esto, sobre todo en los niños, es mucho más evidente pues ellos crecen y cambian muy rápido y cada día son otro.
El que viaja, el niño eterno, puede hacer de una ducha rápida un viaje, pues tiene la capacidad de sentir en su piel cada gota, cada enjabonada como si fuese la primera y realmente lo es, pues esa gota no cae dos veces. El viajero viaja al dormir, es muy común, sueña con momentos y lugares, viaja cuando hace el amor pues entiende que la piel que hoy toca no es la misma de ayer, la de ayer yace agolpada en los rincones de la habitación, mientras que la de hoy se crispa entre las caricias, se estremece con los besos y tiembla en los orgasmos. Y hay, desde luego viajes solitarios y viajes compartidos, están aquellos que emprendemos hacia dentro de nosotros mismos y que nos obligan a crecer, están aquellos que pueden suceder en segundos al mirar a otra persona y descubrir que esa persona también es un viajero y que tomará tu mano para emprender el camino.

Al viajero le cuesta permanecer, por eso se le nota distraído o ansioso cuando lo obligan a centrarse en lo duradero, cuando llega alguien y coloca delante de él un "quédate" y le obliga a mirarlo. El viajero tiende a abandonar todo lo que no sea viajar, pues para él todo eso que no es viajar es simplemente nada. Y si los besos se vuelven cenizos y las caricias acartonadas, encontrarás al viajero marchito y taciturno.


Pero todo viajero precisa de una salida y una llegada. Necesita volver, reencontrar. Y todo aquel que permanece, que no viaja pues no es su naturaleza, necesita un asunto por el cual quedarse y aguardar. Esperar por el eco de los pasos en el pasillo, por el tintineo de las llaves al girar y por la mirada que aguarda tras el repetitivo camino de la puerta.


Por siempre espérame, que estoy viajando.


A. Bolaños C. - @snooprave

jueves

Un párrafo


párrafo.
(Del lat. paragrăphus).
1. m. Gram. Cada una de las divisiones de un escrito 
señaladas por letra mayúscula al principio de línea 
y punto y aparte al final del fragmento de escritura.



Alguien. Alguien que te haga escribir un párrafo, tan solo unas lineas para explicarle que si alguna vez llegaste a anhelar escribir a alguien un párrafo, ese anhelo ha sido satisfecho, pues por ella comenzaste esto con mayúscula y terminaste con punto final.

miércoles

Somos tan dos


Busco el escenario virtual en el cual, supuestamente, esto funciona. Tu acá, yo allá, te creo al lado mio y pienso que para ti todo esto tiene sentido, que comprendes el aire del ventilador, el vasito de agua junto a la cama y los cables atravesados para no desconectarme de ti. Me crees al lado tuyo y piensas que puedo con eso de la montaña y el aire libre, que paz y amor que sonrisas y buena vibra. Me crees allá, te creo aquí, entonces nuestros supuestos ideales se convierten en un burdo y cómodo pantalón con liga que se adapta a nuestros sueños, se ensancha, se ensancha y al estirarse va perdiendo imperceptiblemente su forma, un milímetro cada cien años. No te das cuenta, ni yo.

A. Bolaños C.

lunes

para escribir asi, debes sentirte enamorado todo el tiempo? digo, por tu blog

Hola, pues creo que estar "enamorado" es un estado anímico muy efímero, pasajero. Sí, soy muy enamorado, pero más allá de la euforia momentánea que supone el enamoramiento, me he empeñado en la energía que rodea la vida, que nos llena a cada momento y que muchas veces ignoramos por lo "cotidiana" que es, más por cotidiana no deja de ser maravillosa y sublime. Entonces escribo e intento que mis escritos cumplan una función dual de propósito y contenido, escribo por el amor y escribo sobre el amor, no solamente el amor a otro, no solamente el amor a algo, escribo sobre el amor a la vida, sobre el amor que puede llenar el más simple acto... Mis escritos muchas veces reflejan situaciones de parejas, momentos íntimos, pues creo que en esos momentos, cuando uno o los dos se encuentran desnudos en cuerpo, en sentimientos, en verdades, son los momentos en que el amor fluye más armoniosamente, pues no hay mejor conductor para el amor que la verdad de dos cuerpos y dos almas que se quieren.
Sobre eso escribo, no todo el tiempo siento las emociones y sentimientos que describo en mis escritos, en su mayoría son historias ficticias, pero siempre he procurado que el acto que me impulse a escribir y crear historias sea el amor... Por eso suelo sonar enamorado.

No tengo las respuestas, pero sé inventar.

Derechos Reservados.

Creative Commons License
This work is licensed under a Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported License Cartas Caidas by Alfredo Bolaños Camargo is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 Unported License. Based on a work at cartascaidas.blogspot.com. Permissions beyond the scope of this license may be available at http://cartascaidas.blogspot.com/.