miércoles

En el ocaso todo se ve más triste

La tenía a su lado, y no quería hablarle. Ya no era aquella persona de quien se había enamorado. Mirando por la ventana del auto en movimiento, veía pasar el paisaje borroso, una mancha que había cambiado de verde a pardo a medida que se alejaban de la playa y el día moría. 


El primer día:

                    La conoció un año atrás, en un viaje a la montaña. Andrea, su prima, la había llevado. Él, quien para ese entonces tenía dos años soltero, había ido con el único plan de jugar dominó con sus amigos, acabarse las dos cajas de cerveza y las tres botellas de ron que compraron antes de salir de la ciudad y pasar el fin de semana riendo y bromeando. Pero luego vio a Claudia y el viaje se le hizo mucho más interesante.

En la montaña, Luis sólo tuvo ojos para Claudia, se sentaba disimuladamente cerca y le buscaba conversación. Así pudo enterarse de que era nieta de inmigrantes italianos, que había estudiado psicología, le gustaba el rock indie y el Gin Tonic con mucho limón. Cada vez que el IPod quedaba libre, Luis colocaba una canción de "The Strokes", "The Smiths" o de "The Killers" de manera disimulada, sólo para escuchar decir a Clau (ya le decía Clau) cuanto le gustaba la canción, y luego admitir con falsa modestia que la había colocado “De casualidad”. Durante el viaje, los dedos de Luis se mantuvieron arrugados de tanto exprimir limones.

Ese fin de semana, Luis echó mano de todos sus conocimientos sobre psicología (muy pobres, por cierto) para tratar de impresionar a Clau. Descubrió que el sarcasmo la hacía reír, que le gustaba el café con poca azúcar en la mañana y que era friolenta, así nunca desaprovechó la oportunidad de quitarse heroicamente el abrigo ante la más mínima brisa y colocarlo sobre los hombros pecosos de Clau, siempre fingiendo que era algo desinteresado que "cualquier caballero haría".

Tras dos días de ausencia de Luis en la mesa de dominó, sus amigos reclutaron a Andrea, quien encantada accedió a jugar y así Clau quedó libre para conversar, tomar los Gin Tonic preparados por él y tararear, con voz tímida, apenas audible, los coros de las canciones de "The Smiths" sentados en la terraza de la casa mientras veían las estrellas.

Esa noche, ya bastante atontados por la ginebra y arropados bajo la misma manta, sentados hombro a hombro, Luis tomó la mano de Claudia mientras Morrissey cantaba:

"So please, please, please,
Let me, let me, let me
Let me get what I want…”

Ella, al sentir su tacto, le apretó con fuerza, y Luis sintió como unos diablillos ardientes se le alojaban en los pómulos, que se volvieron rojos. Sonrió de genuina felicidad.

Y Morrissey cantaba:


De 4 a 6 meses:

          Luis y Clau ya eran una pareja establecida entre el círculo de amigos de ambos. Él ya jugaba dominó con el Señor Renzo los domingos en casa de Clau, aconsejaba a su hermano Luigi (un larguirucho post adolescente) respecto a las mujeres, y no había un domingo en que no llegara a la casa con un ramo de flores para la señora Gabriella y chocolates para la Nonna.

Claudia era la pareja oficial de Luis en el dominó durante las reuniones con sus amigos los viernes por la noche. Cuando jugaban mímica, no había quien descubriera más rápido las señas de Claudia que Luis y viceversa. Gracias a ella, Luis había adquirido la costumbre de salir a correr los fines de semana, primero para acompañarla, luego porque le gustaba adelantarla y esperarla con agua y la barra de proteínas al final del recorrido, abrazarla sudada y besarla mientras sentía su corazón aún desbocado por el ejercicio, y el de él, desbordado de emoción.

Gracias a ella, Luis se encontraba totalmente actualizado en cuanto a películas románticas se refiere. Había hecho un repaso completo del género, desde “The Notebook”, pasando por “He's Just Not That Into You”, hasta “Lalaland” e incluso se sabía parte del soundtrack.

Los domingos, después del almuerzo familiar, por lo general veían una película durante la cual el Sr. Renzo solía quedarse dormido y la Sra. Gabriella solía irse a arreglar la cocina (que permanecía perfectamente limpia y ordenada). Ese era el momento preferido de Luis. Con la cabeza de Clau recostada sobre su pecho, jugueteaba con el lóbulo de su oreja y la miraba sin que ella supiera, sin poder evitar un suspiro…

"City of stars
Are you shining just for me?
City of stars
There’s so much that I can’t see
Who knows?
Is the start of something wonderful and new?…”

Súbitamente Luis hundía su nariz en el cuello de Clau, y aspiraba para quedarse con su olor, agradecido porque con ella había llegado la felicidad…



De 8 a 10 meses:

                Era un jueves por la tarde y Luis salía cansado de su trabajo. Tenía que ir a casa de Claudia, y aunque adoraba a su familia, habría dado lo que fuese por quedarse en casa, ver tele y acostarse a dormir, sin embargo, era el cumpleaños de Luigi y le iban a picar la torta. Claudia lo había comprometido a llevar otro postre, y le había especificado que tenía que ser el tiramisú de una pastelería que, por cierto, quedaba fuera de la ruta entre el trabajo de Luis y la casa de Claudia.

Tras una demora de dos horas, durante las cuales Luis había yacido inmóvil ante el volante en un infernal trancón, finalmente llegó al cumpleaños, para ser recibido por la mirada severa de Claudia. Ya habían cantado cumpleaños y la mayor parte de la familia se había ido para cuando Luis depositó el Tiramisú sobre la mesa.

Luis ya no iba todos los domingos a casa de Claudia, algunos domingos los dedicaba a jugar Play Station en línea con sus amigos. En una reunión con sus amigos, le había pedido amablemente, que le dejara hacer pareja en el dominó con Andrés y desde ese viernes no volvieron a jugar juntos. Cuando Claudia subía a su auto, le molestaba que conectara su Ipod para escuchar “The Smiths”.

Tenían planeado irse de vacaciones a Italia para final de año, iban a salir del país juntos por primera vez, soñaban con recorrer Roma, Venecia, comer pizza y tomar vino en cualquier plaza perdida de Italia. Ella se había dado la tarea de planificar de manera meticulosa todos los aspectos del viaje, investigaba, leía, sacaba las cuentas. Y si ella era la planificadora, Luis era el ejecutor. A orden de Claudia, había visitado al menos 5 agencias de viaje, 6 líneas aéreas, había ido por lo menos 4 veces a comprar ropa de invierno con ella y en no menos de 5 oportunidades había tenido que volver a cambiar la ropa porque a Claudia no le gustaba probarse las prendas en la tienda.

Un domingo en casa de Claudia, Luis llegó con flores para la Señora Gabriella y Ferrero Rocher para la Nonna. Después de comer, ya en el estudio, miró la película con la cabeza de Claudia sobre su pecho. Luego se despidieron con un beso de rutina. Manejando de regreso a casa, en la radio sonaba Franco de Vita...

“No hace falta decirlo con tus ojos me basta, 
con una simple mirada lo puedo entender…”

Luis pensaba en el calor que le daba ver películas con Claudia montada sobre el..



El último día: 

               De regreso de la playa, a donde habían ido con sus amigos, Luis miraba absorto como el paisaje se convertía de verde a pardo. Claudia, en la otra ventana cantaba con los audífonos puestos, iban en la parte trasera del carro y entre ellos solamente los bolsos del viaje.

"Well you only need the light when it's burning low
Only miss the sun when it starts to snow
Only know you love her when you let her go"

No fueron a Italia. Nunca comieron pizza o tomaron vino en alguna plaza perdida. Claudia corría sola, Luis iba a donde sus amigos sin ella. Durante el viaje no hicieron el amor una sola vez.

Claudia cantaba:



-En el ocaso todo se ve más triste- pensó.

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